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Pedro Pablo
Chávez y el anarquismo
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Con este artículo - publicado en El Libertario # 53, mayo/junio 2008, p. 3 - se da merecida respuesta a obtusas afirmaciones del presidente venezolano en referencia al anarquismo como ideal y como práctica.

Con esa liberalidad para parlotear propia de militar rico, poderoso e irresponsable que no tiene que darle cuentas a nadie, mucho menos a la cultura y al conocimiento, el Presidente ha esgrimido una curiosa tesis ante recientes reclamos de participación de sus seguidores. En una mezcla que reúne de todo como en botica, denunció a aquellos que, inducidos desde la derecha y el imperialismo, lanzan lemas como no queremos que nos gobiernen, queremos gobernar lo cual resulta una tesis que sin duda es anarquista. Este absurdo merece atención, así que citemos la página oficialista Aporrea:

«El Presidente afirma que, alentados por la derrota del 2 de diciembre, algunos grupos han opinado que los que están en el poder ya no son el poder constituyente sino el poder constituido, y que ya no merecen estar en el seno del debate del poder popular. Opina que este es un discurso inducido desde la derecha y el imperialismo, y que usa lemas como "no queremos que nos gobiernen, queremos gobernar". "Quiero dirigirme al pueblo que nos está oyendo", dijo Chávez, "para debatir este asunto y le salgamos al paso a esta tesis que sin duda es anarquista y que trata de sembrar divisionismo en nuestras filas." "Quizás yo, por mi formación militar pensada para la guerra, estoy acostumbrado a que tiene que haber un plan, una jefatura y tiene que haber un liderazgo y una disciplina, que no tiene que ser militar, pero tiene que ser revolucionaria. Y cuadros revolucionarios, y reconocimiento a un liderazgo revolucionario y a un programa revolucionario, y la autocrítica revolucionaria." A pesar de esto, explicó que él es "el primer defensor de la libertad de opinión y de la autocrítica responsable y revolucionaria, verdaderamente constructiva"».

De ignorancias e incongruencias

Dejamos de lado a quienes se dirige la diatriba porque los asuntos internos del PSUV son harina de otro costal. Lo cierto es que luego del 2-D hay malestar dentro del chavismo - en particular contra la boligarquía encumbrada, multimillonaria en dólares y en fracasos- y se ha abierto una lata de lombrices que será difícil de volver a meter dentro. Aparecen quienes pretenden el turno al bate para aprovechar estos últimos años y reclaman: no queremos que nos gobiernen, queremos gobernar. Vale aclarar que esa consigna no es anarquista, como dice el Gran Animador Televisivo. Sin duda los anarquistas no queremos que nos gobiernen, pero tampoco queremos gobernar. La consigna anarquista es ni gobernantes ni gobernados, muy lejos de esta burla que bien leída quiere decir Quítate tu para ponerme yo, como hizo esta pandilla tras deshacerse de AD y COPEI. Los que están ya tuvieron lo suyo y ahora nuevos grupos van en pos de sus afanes (de afanar=robar, según el lunfardo y Cristina Kirschner), pero muy lejos del anarquismo, que aspira a disolver el gobierno, no a apropiárselo.

En su perorata, Chávez hace de la diferencia de ideas la simiente de la división. Tampoco esta perspectiva es de anarquistas, para quienes la diferencia es condición para la unión. Es como pensar que en un equipo de fútbol lo mejor es tener 10 arqueros y uno solo pateando. Todo colectivo funda su riqueza en la diversidad de ideas, funciones, capacidades y perspectivas en la formulación del plan y en el reconocimiento de la autoridad para la conducción. Los anarquistas vemos las cosas más en el sentido de coordinación consensuada y no como la obediencia automática que arrastra a las hormigas al agujero en beneficio de su reina.

No puede entender al anarquismo quien confiesa estar acostumbrado a que tiene que haber un plan, una jefatura, un liderazgo y una disciplina. Tal manera de pensar, como bien dice, es propia de militares, pero de los que organizan desfiles, porque la guerra de hoy es bastante más complicada. Recordemos que por pensar así falló su golpe de estado. Basta ver la manera en que el Comandante de Pantalla concibe planes y jefatura cuando ordenó por TV, 10 batallones a la frontera y el subalterno dijo si, y se sentó, como diciendo Ya vamos p’allá ante el absurdo de una jefatura que ignora qué son planes. El liderazgo debe surgir de acuerdos concertados y los anarquistas pensamos que disciplina no es sinónimo de sumisión a jefaturas impuestas y totalitarias sino consecuencia de unidad de metas, propósitos y del acuerdo de medios para lograrlos, surgidos de la diversidad que enriquece opciones.

Por otra parte, es gracioso cuando propone liderazgo y una disciplina, que no tiene que ser militar, pero tiene que ser revolucionaria. Si a esta altura nadie, ni él mismo, sabe qué c. es esta revolución, ¿cómo saber qué es el liderazgo y la disciplina revolucionaria? Después de 10 años, la estentórea disciplina revolucionaria parece limitarse a decir sí a lo que dice el Locutor Bolivariano según se le ocurra en el momento, sin plan ni metas más allá de las suyas personales: disciplina hoy es prepararse para Boyacá II en Colombia, pero mañana es correr a una reunión presidencial para salir en la foto con Uribe; hoy es amenazar cortar el petróleo a los gringos, mañana pedirles por favor que nos vendan arroz y caraotas. Si entendemos que la única disciplina que conoce es la militar de desfile, está muy de acuerdo con ella venir con la recta a 90 millas cuando alguien se sale de la fila. Es claro lo qué dicta a los miembros de su partido, para quienes la consigna es: "De frente, march."

Lo de la autocrítica revolucionaria es otra muestra de barullo mental porque el reclamo a los suyos se origina, precisamente, en una crítica surgida desde el interior del movimiento, es decir, una autocrítica. Sin embargo, después de regañar a los críticos, llamar a la disciplina, prohibir lanzamientos de candidatos a destiempo (para poder controlarlos), enviar mensajes de obediencia represora, afirma ser el primer defensor de la libertad de opinión y de la autocrítica responsable y revolucionaria. Pareciera que lo típico de un presidente es ser contradictorio o mentiroso, y el personaje es excelente en esto.

Por otro lado, que esta rebelión interna anarquista sea inducida por la derecha y el imperio insulta la inteligencia. Por lo que todos sabemos, si en Venezuela hay una derecha esta derecha endógena es chavista. Es la que se enriquece con las importaciones y recibe dólares de CADIVI, la que aprovecha para comprar fincas baratas con la amenaza de la invasiones, la que hace negocios con los bonos, la de los banqueros, la que se beneficia de los contratos de todo tipo, la que se favorece de la explotación petrolera y minera, la que motoriza la corrupción internacional. Que esta derecha quiera cambiar el estado de cosas es impensable, cuando tiene a Chávez como parachoques controlando a la gente y nunca terminará de agradecerle los perjuicios que recibe cualquier ideal socialista razonable a cuenta de los fracasos de este socialismo bolivariano televisivo y grotesco.

En cuanto al imperio, poco le inquieta Venezuela. Chávez es el gobernante mejor enrolado en el neoliberalismo global: exporta sólo materias primas, en sociedad con transnacionales a las que cedió parte de las riquezas de subsuelo con las empresas mixtas; mientras, anula cualquier desarrollo interno industrial o agrícola-ganadero para comprar todo en el mercado mundial, haciéndonos dependientes por completo del capitalismo transnacional. Cada día hay más negocios con EE.UU., se favorece a los socios petroleros de Bush, se les facilita la penetración militar en Colombia y en el resto de América y parece ser el único lugar en donde a Bush y la CIA, que no pegan una en el resto del planeta, como que les sale todo bien, desde crear escasez de leche, hasta promover el dengue, pasando por sembrar delincuentes, tumbarle la audiencia a TVes e infiltrarse en el chavismo. Con Chávez, la CIA ha resucitado como fantasma de América y sin sus alabanzas ya la hubieran cerrado por inoperante. Y cuando el imperio aprieta de verdad, como en la OEA, el valiente de micrófono mete la cola entre las piernas y se va a la fila, aunque deje a su secuaz Correa empantanado.

Ser o no ser.

Aporrea agrega que, según el Ministro Rodríguez Chacín, el grupo Venceremos es anarquista, a pesar que los hechos conocidos señalan que es otra de tantas facciones aupadas por el gobierno para engrosar la comparsa de movimientos que lo apoyan y que confunden, siguiendo a su líder, revolución con escándalo, grito y estruendo. Si fuese cierto lo que dice el Ministro, sería un grupo digno de estudio porque se le califica de pro-imperialista pero pone bombas en una organización empresarial capitalista, integrado por anarquistas de derecha con chapas de la policía insurgente del alcalde Barreto, indisciplinados con apoyo público de partidarios leales al Comandante. ¡Vaya arroz con mango ideológico!

Completa Aporrea aclarando brevemente qué es el anarquismo, con referencia en Wikipedia, lo que agradecemos, porque cuanto más se difunda quiénes somos y qué buscamos, probablemente más gente termine solicitando junto a nosotros: Ni gobernantes ni gobernados, personas libres asociadas. Gobernados y gobernantes son sinónimo de Estado y, gracias a la gestión del susodicho, muchos se vienen dando cuenta que el Estado no es otra cosa que la guarida de una pandilla que nos asalta por todos lados, a la que debemos hacerle frente juntos para evitar que, como sucedió antes y seguirá sucediendo, esta horda pase pero la guarida quede a la orden de próximos pillos, como esperan los gruñones dentro del chavismo y también la oposición oficialista.

Anarquía no es caos o desorden, sino un orden diferente al asociado con la obediencia ciega a cualquier clase de jerarquía autoritaria, a toda ideología opresiva, a la homogeneización del pensamiento, al sometimiento, a la anulación individual, que pareciera es el orden que esta seudo-revolución persigue. El supuesto desorden anarquista es el orden de personas libres, iguales en su diversidad, que saben que el bienestar de cada uno sólo puede lograrse con el bienestar de todos. Por supuesto que los anarquistas somos esos radicales antichavistas que denuncia el oficialismo, como somos radicales anti-cualquier autoritarismo político, económico y/o cultural. Oímos las voces de todos y seguimos los consejos de quien sabe para progresar colectivamente pero nunca para obedecer ciegamente a alguno y, por supuesto, nos negamos a vivir bajo una disciplina militar basada en el temor a rectas de 90 millas, por más revolucionario que se diga el pitcher.

Pedro Pablo

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