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Pierre Sommermeyer
El G8 en Hokkaido
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El G8 viaja.

Cada año la reunión cambia de sitio. Después de Rostock, en Alemania, el próximo año será en Hokkaido, en Japón, del 7 al 9 de julio.
Se ha celebrado en Génova, en Évian, en San Petersburgo y en otros lugares. Para 2008 vuelve a Japón, donde ya se había celebrado en el año 2000, en Okinawa. El lugar ha sido bien elegido. Al igual que en la isla de Okinawa, bastará con cerrar el estrecho marítimo para evitar el flujo de manifestantes. Sin embargo, los anarquistas japoneses ya se están movilizando. Basta con acudir a la página web http://a.sanpal.co.jp/no-g8/ para encontrar en primer lugar un cartel convocando a oponerse a esta nueva manifestación de grandes del mundo y a continuación informaciones al respecto. Pero nosotros, en el otro extremo del planeta ¿qué sabemos de esa parte del mundo?

¡El Extremo Oriente está muy lejos!

Es el momento de hacer una panorámica sobre esta región del globo. No es una casualidad que los poderosos que nos gobiernan acudan al Extremo Oriente. Es ahí donde se juega el futuro del mundo. La globalización, como la llaman los anglófonos, o la mundialización, como decimos nosotros, ha hecho entrar en el mundo a unos cuantos miles de millones de individuos. Estábamos acostumbrados al modelo japonés, con el que se nos ha machacado sobre su "magnífica organización del trabajo". Hoy es de la China de la que se nos cuentan maravillas ante el hecho de sus consumidores potenciales. Está ese país, desde luego, pero también Japón y Corea del Sur, económica y políticamente por encima de su vecina del norte. Esta última se convertirá en los años venideros en un formidable campo de inversión, estando en una situación dramática. Luego está esa península que en nuestro imaginario se sigue llamando Indochina. Están Vietnam, Laos y Camboya. Todos esos países están en la zona de influencia china. En sus límites se encuentran Indonesia y Filipinas. Más lejos, pero mucho más próxima de lo que se pueda imaginar, está Australia. Esta parte del mundo reúne a casi dos mil millones de individuos. Por comparar, la Francia eterna tiene sesenta millones de habitantes.

En esta región del mundo se han creado alianzas desde hace años, y los lugares de conflicto perduran a través de los tiempos. Pero el capitalismo financiero desempeña un papel unificador, no me atrevería a decir pacificador, que no hay que subestimar. Simultáneamente, las luchas sociales han tomado amplitud, sin que se sepa demasiado bien su propósito en Europa. ¡El Extremo Oriente está muy lejos!

Hace cincuenta años que el sur de la península indochina ha comenzado a reunirse.

En plena guerra fría, en 1968, durante la guerra de Vietnam, cinco países de esa zona se reunieron para hacer frente al comunismo. Se trataba de Indonesia, Filipinas, Malasia, Singapur y Tailandia. Hoy día, el enfrentamiento Este-Oeste se ha terminado. Esta asociación, la ASEAN, se ha convertido en un conjunto que preconiza el libre cambio y reúne a diez países, entre los que se incluyen los países comunistas (si es que lo son) Laos y Vietnam.

Los negocios no huelen mal

En noviembre de 2007 Japón decidió establecer un acuerdo comercial con el ASEAN que, según el ministro japonés de Comercio, va "más allá de la creación de un mercado integrado", aunque el acuerdo excluya la agricultura. Los intercambios entre esas dos entidades han superado los 160.000 millones de dólares en 2006. Eso ha hecho que el país del Sol Naciente sea el tercer socio comercial, después de Estados Unidos y China, en esta alianza. Ese acuerdo prevé la desaparición de las barreras aduaneras recíprocas en los próximos diez a veinte años. China y Corea del Sur ya hace varios años que tienen organizados sus tratados comerciales. Se ve la importancia de ese "mercado común" asiático y se puede uno imaginar el lugar que va a ocupar en la economía mundial. Sin embargo, en ese mundo ideal (sic) existe un problema importante: el de las relaciones entre China y Japón. Al margen de toda referencia ideológica, comunismo contra capitalismo, está el recuerdo de los horrores cometidos por las tropas japonesas durante la guerra de China, sobre los que nadie puede pasar de largo.

Pero los negocios no huelen. El 19 de noviembre de 2007, las dos partes han anunciado para el primer fin de semana de diciembre de ese mismo año una reunión de sus ministros de Economía para establecer a un alto nivel un diálogo económico entre los dos países. Eso augura un cambio de clima radical. Parece que se ha pasado página a la época no tan lejana en que el primer ministro japonés acudía en peregrinación al monumento erigido en memoria de los muertos durante la guerra chino-japonesa, muchos de ellos criminales de guerra. Los patronos van a poder por fin comerciar con la paz. ¡Caramba! Excepto los problemas territoriales, como el de Taiwán, queda un punto de protesta probable en este océano de buenas intenciones, que es el del valor del yuan, la moneda china. Si se nivela la divisa del Imperio del Oriente Medio, es decir, si se aumenta en un 20 o 30 por ciento de su valor de cambio, se producirían tales repercusiones en el interior de China, que el poder de Pekín no las podría resolver.

Un viaje panorámico

Entramos ahora en el corazón de la situación de cada país. Excepto Japón, cuyo nivel de vida corresponde a los estándares euroamericanos, por todas partes reinan la desigualdad y la miseria.

Comencemos por las islas Filipinas. Se trata de un archipiélago de 7.100 islas, cuya superficie total equivale a la mitad de la de Francia, pero con un 30 por ciento más de población. El presidente de este país acaba de conceder al perdón a su predecesor, amenazado de prisión perpetua por haber cedido a la corrupción cuando estaba en el poder (25 de octubre de 2007). Eso llevó a un club de hombres de negocios locales a declarar que "esa decisión refuerza la impresión de que los gobernantes están al margen de las leyes en nuestro país". En ese país, las guerrillas comunistas, independentistas o islamistas forman parte del decorado. Se cuentan más de 100.000 muertos como consecuencia de conflictos desde hace cincuenta años. Simultáneamente, los diferentes presidentes en el poder han tenido que hacer frente a movimientos sociales importantes y a golpes de Estado militares, el más reciente fechado el 29 de noviembre de 2007. Es difícil describir la situación social y política interiores al margen de las grandes corrientes políticas adheridas a las familias de grandes propietarios. Podemos deternernos en la coalición altermundialista Freedom from Debt, que reúne a diferentes grupos que actúan contra la deuda financiera, a favor de la nacionalización de las industrias energéticas y del derecho al acceso al agua. Existe también un portal (http://manila.indymeida.org) dedicado a la actualidad filipina. Y uno informativo (http://manila-infoshop.mahost.org/)

De las Filipinas pasaremos a Indonesia, también formada por islas. Si los anteriores eran mayoritariamente católicos, estos son fundamentalmente musulmanes, en un 80 por cien de sus 220 millones de habitantes. En 1966, con ocasión de un levantamiento comunista, el general Suharto tomó el poder y liquidó a entre medio millón y un millón de "comunistas". Desde entonces el Ejército controla el poder, que desde 1999 ha sido resultado de elecciones "democráticas". La mitad de la población vive con dos dólares al día. El país debe importar una gran parte de su consumo de gasolina, a pesar de ser un gran productor de petróleo. Sus infraestructuras están en un estado demasiado malo para poder beneficiarse realmente de su petróleo. Ese ha sido el tema central de la conferencia de Bali que se acaba de desarrollar a principios del mes pasado con motivo del problema de la deforestación.

Entre los habitantes de las islas son numerosas las reivindicaciones autonomistas. Eso nos recuerda el estado de guerra larvada que reinaba en la isla de Aceh justo antes del Sunami. Esta situación armada existe también en Papúa.

Vayamos al norte de la península indochina, donde la preponderancia vietnamita es significativa. Como república socialista que es, está abierta a pesar de todo al socialismo de mercado. En la tradición de este tipo de régimen no hay multipartidismo. La única oposición o más bien resistencia visible parece ser la encarnada por las comunidades religiosas budistas. Parece, según los defensores de los derechos humanos, que las manifestaciones de campesinos protestando contra la confiscación de sus tierras han sido reprimidas de forma especialmente violenta.

Este país de 83 millones de habitantes se recontruye muy lentamente tras una guerra de independencia nacional que ha durado treinta años. Se abre, por medio del turismo (el 4 por ciento de su producto interior bruto), al extranjero, del que recibe una ayuda financiera importante, de más de 7.000 millones de dólares anuales, la mitad procedente de la considerable emigración vietamita.

Para Estados Unidos, Vietnam no es ya el enemigo que fue durante años. En una declaración fechada a comienzos de diciembre, el secretario de Estado norteamericano de Comercio declaraba que ese país, al igual que China, "había demostrado una voluntad real en el establecimiento de relaciones respetuosas".

Esta apertura al capital internacional se ve favorecida por una serie de grandes trabajos dirigidos a desarraigar un cierto número de regiones. Eso es lo que parece ser el origen de las protestas campesinas. El sistema de poder único, Estado y Partido mezclados, supone un encadenamiento de las corrupciones y la imposibilidad de obtener una información objetiva sobre el estado del país.

La influencia de Vietnam sobre su vecino del Este, Laos, es indiscutible. Con el mismo sistema de partido único, no es una república "socialista" sino "popular" (sic) con un partido único, "revolucionario" y no "comunista", pero en lo demás su funcionamiento es idéntico. Como su mentor, Laos forma parte del ASEAN. Es un país pequeño, de seis millones de habitantes, que no puede pretender desempeñar un papel político importante.

Antes de llegar a China y luego a Japón, haremos un alto en Corea del Sur. Encajonada entre su vecino chino y el mar, la península coreana acoge a un país viejo de más de 2.000 años. Anexionado por Japón en 1910, tendrá que esperar a la Segunda Guerra Mundial para recuperar su independencia. A partir de entonces se dividirá en dos partes: los soviéticos al Norte y los americanos al Sur. La guerra de Corea de 1950 a 1953, primer enfrentamiento indirecto de la "guerra fría", divide eternamente al país. A partir de 1960, el desarrollo económico de la parte sur del país tiene lugar a una velocidad asombrosa. El dinero invertido procede de los importantes daños de guerra producidos por los japoneses.

El PIB por habitante coloca a este país de 48 millones de habitantes en el puesto 52, sobre un total de 227, lejos todavía del noveno puesto de Japón, pero muy por delante de China, que ocupa el puesto 147. El Estado hermano del Norte se coloca en el puesto 187.

Desde 1993, se puede decir que se ha instalado un régimen democrático en el país tras una larga preponderancia militar. Aunque ya no están los comunistas en el sur, un importante movimiento social agita regularmente al país. Tres grandes confederaciones sindicales reúnen a más de dos millones de trabajadores. La apertura de mercados impuestos por la OMC ha golpeado con fuerza al campesinado, dando lugar al éxodo rural.
2006 ha sido el año en el que las luchas obreras han coincidido con las manifestaciones campesinas. En septiembre de 2007, una delegación de la Alianza Coreana contra los acuerdos de libre cambio ha llegado a Bruselas a protestar contra esos acuerdos y a buscar contactos en Europa. Esta Alianza reúne a cerca de 300 organizaciones de mujeres, estudiantes, campesinos y obreros. La presencia de anarquistas coreanos en la red es indiscutible, hasta el punto de que una de sus páginas web ha sido cerrada por las autoridades coreanas en 2002 a causa de su actividad antimilitarista. El anarquismo coreano parece haber nacido en 1919, ante el contacto con anarquistas chinos. Ha desempeñado una función importante entre las dos guerras y se ha reconstruido después del conflicto de 1939-1945. Hoy día, tanto para Corea como para otros países del Extremo Oriente, la ausencia de información sobre la existencia y la acción del movimiento anarquista se hacen sentir más si tenemos en cuenta que esta parte del mundo ha de desempeñar un papel importante en un futuro muy cercano.

El mundo chino

Ya no es posible hablar de este país como se habla de Inglaterra o de Francia. Estamos ante un mundo que nos es muy extraño, habitado por mil millones trescientas mil personas según las cifras oficiales. Las estadísticas "socialistas" del país no son fiables, por lo que entramos en el terreno de la especulación. De lo que no hay duda es de que la situación económica china es a la vez floreciente en los mercados internacionales y en perpetuo desequilibrio en el interior. Me gustaría citar dos cifras aparecidas en el diario Libération el 4 de diciembre de 2007. China pretende suministrar el 48 por cien del consumo mundial de cemento. Este país-mundo pretende construir el equivalente del parque inmobiliario actual de los quince países europeos de antes de la ampliación. La otra cifra afecta al emplazamiento de las bolsas internacionales de productos financieros chinos. En este caso, se trata de un aumento de los fondos producido por la CSST. Tras esas iniciales se encuentra la China Security & Surveillance Technology Inc., una empresa especializada en la fabricación de medios de vigilancia con destino a la policía china. El patrón de esta compañía es también, según Libération, el responsable del departamento de tecnología del Ministerio de Seguridad Pública… por otra parte, está encargado de la puesta en marcha de un proyecto de nombre maravilloso: "el escudo dorado". Su demanda de financiación ha tenido un éxito considerable. Los banqueros occidentales han arañado 110 millones de dólares para permitir la puesta en marcha de un "gran hermano" en versión china. Existe, siempre según Libération, en la Bolsa de Nueva York otra compañía china, financiada también con fondos occidentales, especializada en la vigilancia de Internet y en el reconocimiento facial, que trabaja también para la policía china. El mercado de la vigilancia en China, siempre según ese mismo artículo, debería pasar de los 500 millones de dólares de hoy a los 43.000 millones de dólares de 2010. Según los oficiales chinos, la tasa de criminalidad es la más baja del mundo. Para los periodistas del Libération, la disidencia es la bestia negra de Pekín. Cuando se conoce un poco la situación social china, se sabe bien que no se trata de vigilar ni de la disidencia, defendida por los medios occidentales, ni del crimen, bien integrado en el sistema político chino. Se trata, ni más ni menos, que de poder controlar la calle y las empresas, porque el verdadero peligro viene de ahí.

El interés de los financieros occidentales y del poder chino coinciden en la necesaria "tranquilidad" de los obreros empleados en las empresas financiadas con fondos occidentales y cada vez más presentes en esta parte del mundo. La represión obstinada de los movimientos sociales parece haber logrado sus frutos, de momento. El Washington Post informa sobre lo dicho por un oficial chino, según el cual los problemas violentos habrían disminuido en más de un 20 por ciento entre 2005 y 2006. Según un habitante de uno de esos pueblos en los que los enfrentamientos han causado varios muertos entre los manifestantes, no hay riesgo de que vuelvan a producirse porque "se nos ha asustado hasta la muerte".

En julio de 2007, en una fábrica de abonos químicos los obreros exigieron la aplicación de la ley que protege sus derechos sociales. Durante una reunión, el representante de la dirección les dijo: "En esta fábrica yo soy la ley".

En noviembre de 2007, en Shenzhen, un centro de defensa de los trabajadores emigrantes fue atacado con vandalismo varias veces por bandas y el responsable fue apuñalado en dos ocasiones. Sin duda todo eso da una mala imagen de China, más aún si tenemos en cuenta los próximos Juegos Olímpicos de Pekín. Porque la situación económica global está en un equilibrio inestable actualmente. La conjunción del aumento del coste de la energía, de las materias primas agrícolas y alimentarias, y la caída del dólar corren el riesgo de crear una crisis aún mayor entre una población cuyo nivel de vida es ya muy bajo. Las presiones occidentales a Pekín para lograr revalorizar su moneda tendrían como efecto inmediato perjudicar a la competencia de su comercio exterior y, por tanto, dar lugar a un descenso del poder adquisitivo, con los riesgos sociales incrementados. En esta óptica debemos considerar los contactos entre China y Japón.

¿Hacia un eje chino-japonés-indio?

Japón es el país de esa parte del mundo cuyo juego de la democracia es el más antiguo, aunque siga siendo frágil. Hay que recordar que fue impuesto por los americanos sobre las ruinas de Hiroshima y Nagasaki. Es también el país más desarrollado desde el punto de vista capitalista. Pero las relaciones económicas privilegiadas con Estados Unidos están a punto de deshacerse a medida que el crecimiento americano disminuye como conscuencia de la crisis de las "subprimas". Por tanto, Japón necesita encontrar nuevas vías comerciales. Los intercambios con China han progresado durante este tiempo en un 19 por ciento, y los relativos al resto del continente asiático en un 20 por ciento. Las relaciones con el ASEAN se han estrechado de forma significativa y las del continente chino seguirán el mismo camino. Los desacuerdos marítimos no cambiarán gran cosa en esta evolución, ni siquiera si atañen a los campos petrolíferos. Por el contrario, es probable que los esfuerzos diplomático-económicos de Japón lo lleven a evitar un cara a cara en solitario con China, abriendo las negociaciones con la India. Pekín, como consecuencia de sus discrepancias territoriales con Nueva Delhi, preferiría evitar esto, y limitar la zona de libre cambio al nordeste de Asia. A partir de ahora, un nuevo "mercado común" se esboza desde los límites de Australia hasta los confines del Imperio chino.

Este conjunto de países nos interesa especialmente. La globalización de la economía ha colocado a millones de individuos en primer plano. El anarquismo debe salir del mundo en que ha nacido y se ha desarrollado, el mundo euroamericano. Sabemos que nuestras ideas han sido difundidas, alto y fuerte, durante el período de entreguerras tanto en China como en Japón. Sabemos que las prácticas de acción directa fueron empleadas en India durante la lucha por la independencia. Que muchos de esos técnicos fueron empleados en Rostock contra el G8 el verano pasado. No podemos hacer como si esos millones de individuos no existieran. A nosotros nos corresponde hoy conseguir, junto con ellos, que nuestro porvenir sea menos desesperante.

Pierre Sommermeyer
(Le monde libertaire)


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