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Pierre Sommermeyer
La guerra, el hambre e Iraq:
el paraíso de los vendedores de cañones
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Iraq está en guerra. Todos los días, la televisión y los demás medios nos inundan hasta la saciedad con imágenes cada vez más atroces. Si George Bush al llevar a sus boys a combatir "por la justicia y la defensa de las personas honradas" tiene una fuerte responsabilidad en el desencadenamiento de esas violencias militares, no es el único. La lucha por el poder supremo moviliza un gran número de energías contradictorias.

A causa del conflicto, ese país se ha convertido en el de mayor comercio de armas en el mundo. El reverso de la medalla es que no hay dinero para comida. Cuando vender armas aporta más que vender pan, la población pasa hambre, los pobres pasan hambre. Y en esas circunstancias uno se hace pobre rápidamente, y muy rápidamente tiene hambre. En Iraq, ocultado por esa guerra innoble (¿y cuál no lo es?), la importante falta de alimento no es suficientemente denunciada.
Las organizaciones humanitarias llevan sin embargo mucho tiempo lanzando gritos de alarma. Que el pueblo iraquí pase hambre no viene de ahora. Recordemos que el régimen de Saddam era de todo menos ejemplar. Ha sido un país en el que el terrorismo de Estado era sistemático. Tras acceder al poder por un golpe de mano en julio de 1979, Saddam, asustado ante el "peligro" chiita, como consecuencia de la llegada al poder en Irán de Jomeini, invadió ese país. La guerra duró ocho años y produjo más de un millón de muertos. En agosto de 1988 se acaba la guerra. El país está agotado. Sin embargo, en agosto de 1990, con la invasión de Kuwait, Saddam se lanza a una nueva guerra.

Alimentar a su pueblo extenuado parece la última de las preocupaciones del dictador. Sin embargo, paralelamente a sus actividades bélicas, pone en marcha un programa de distribución de alimentos (PDS) para contrarrestar el bloqueo americano-occidental. Seis meses después, en marzo de 1991, la ONU anuncia "la inminencia de una catástrofe si las necesidades vitales masivas de los iraquíes no son satisfechas" (informe de la ONU, marzo de 1991) y pone en marcha un programa de "petróleo por alimentos". Con la lentitud administrativa habitual, harán falta seis años para que "la distribución de harina de trigo comience en abril de 1997 sobre el conjunto del territorio".

Desde entonces, la población iraquíe vive bajo la trasfusión alimentaria.
¿Cuál es la situación hoy? La gran ONG británica Oxfam dice en su informe publicado hace seis meses que cuatro millones de personas viven en una situación de inseguridad alimentaria: más de dos millones son "desplazados internos" y más de dos millones se encuentran en los países vecinos, en particular en Siria y Jordania, "unos refugiados cuyo crecimiento es el más rápido del mundo, motivo de una crisis quizá sin precedentes".

Este informe continúa diciendo que "si la violencia y la incapacidad de proteger los derechos fundamentales constituyen los problemas más graves de Iraq, las necesidades humanitarias, como la alimentación, el alojamiento, el agua y el saneamiento, deberían recibir una mayor atención". Habría que citar todo el informe. Sabemos que el programa de distribución de alimentos (PDS), creación del régimen precedente, sigue en marcha. Pero que sólo el 60 por 100 de los necesitados tiene acceso a las raciones distribuidas por el gobierno, que en 2004 eran casi del 96 por 100. El 43 por 100 de los iraquíes vive en una situación de pobreza absoluta. La malnutrición infantil ha pasado del 19 por 100 antes de la invasión americana al 28 por 100 de hoy día. Podríamos seguir con citas. El horror no tiene límites.

Pongámoslas en comparación con otras cifras. Esa misma ONG, en un informe publicado en 2003, afirma que "Iraq cuenta con más de un arma de fuego por habitante". No hay ninguna razón para que las cosas hayan mejorado desde entonces. Evidentemente, esta estimación no tiene en cuenta el armamento "oficial", el de la policía, el ejército nacional o los ejércitos aliados. No es necesario que exista hoy una industria de armamento en Iraq: el armamento tanto de las diferentes milicias como de los individuos crea un tráfico más o menos lícito en el que una serie de proveedores se llenan los bolsillos. Habida cuenta del tipo de comercio, es difícil saber quién logra los mayores beneficios. Un informe mundial sobre el comercio de armas colocaba a Francia en un buen puesto en esta competición.

Últimamente, la ONU acaba de lanzar de modo urgente una operación de suministro de alimentos para Iraq. Se van a invertir 126 millones de dólares para alimentar a "750.000 personas exiliadas internas" y "360.000 exiliadas externas". Eso hace un total de cuatro veces menos de la cantidad que menciona Oxfam. ¿Dónde está el error?
Recordemos que en la lucha por acceder al poder, las armas son imprescindibles. No se llega a lo más alto con un trozo de pan en la mano.



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