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Pierre Sommermeyer
El grupo de Shanghai,
una nueva organización militar
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Shanghai, nombre que evocaba el exotismo extremo oriental, representa en estos últimos años el hiper desarrollo de China. La clasificación mundial de las universidades efectuada en una de las facultades de esta ciudad es el origen de la reforma universitaria francesa. A partir de ahora tendremos que habituarnos a otra declinación para ese nombre: la Organización de Cooperación de Shanghai. Además conviene interesarse por las actividades discretas pero reales y potencialmente peligrosas emprendidas por cierto número de países de forma concertada en Asia oriental.

Tras el fin de la Unión Soviética, el tratado de defensa que reunía a los países sometidos a Moscú ha pasado a mejor vida. Ya no hay Pacto de Varsovia. La OTAN, controlada por los Estados Unidos, aparece como la única dominadora militar a bordo. Pero esa situación no podía durar. Ya fuera porque Rusia entrara en la OTAN, o porque formara otro bloque con los excluidos de la Alianza Atlántica.

El 14 y 15 de junio de 2001, seis países se reunieron en una ciudad china y crearon lo que vino a llamarse Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Se trataba de Rusia, China, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, países que engloban la mayor parte de Asia. Antes, en 1996, se había organizado un grupo informal, incluyendo cinco países. Con la adhesión de Uzbekistán, esa cooperación adquiere una dimensión oficial. Otros cuatro países asiáticos, interesados en el proyecto, aceptan el estatus de observadores. Se trata de Mongolia, Irán, India y Pakistán. Estados Unidos también solicitó un estatus similar pero fue rechazado.

La división del mundo vuelve de nuevo. El objetivo de esta nueva organización es esencialmente militar, aunque ponga por delante su dimensión antiterrorista. En un artículo fechado el 6 de agosto de 2003, El Diario del Pueblo, en su edición francesa, declara: "Los días 10 y 11 de octubre de 2002, la República Popular China y la República del Kirguistán han llevado con éxito sus maniobras militares conjuntas contra el terrorismo en sus fronteras. Ha sido la primera acción de este tipo emprendida por dos países en el marco de la OCS. Han sido también los primeros ejercicios militares conjuntos, a tamaño real, efectuados por el ejército chino con un ejército extranjero".

Por otra parte, el sonido producido parece diferente. La agencia de prensa rusa Novosty reproduce la siguiente frase de Vladimir Putin, con fecha de 17 de agosto de 2007: "La Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) no es militar, resuelve tareas políticas y económicas. Además de que el componente económico de su actividad está en primer plano". Cuando todos sabemos que como consecuencia de esas maniobras Putin ha anunciado vuelos de bombarderos estratégicos, no tenemos más remedio que dudar.

Las razones estratégicas de esta alianza

¿Cuáles son las razones que llevan a esos países a organizarse de este modo? Sin duda son numerosas. Y de diferentes clases. Evidentemente, está la voluntad de China y de Rusia de desempeñar un papel importante en el escenario internacional. Convertido en un monstruo económico, el poder chino se ha dado cuenta enseguida de que su poderío comercial no valía nada sin compradores. Habida cuenta de su poder adquisitivo interior, China depende del resto del mundo para funcionar. Necesita por tanto encontrar algo para demostrar su independencia a nivel internacional. Para Rusia, la situación es la contraria. A pesar de los grandes trusts ligados a la producción y a la circulación de la energía, como Gazprom, el país es pobre. Los problemas internos son numerosos e irresolubles a corto o medio plazo. Así, la tentación de asumir una función en la actividad militar es muy fuerte. Las últimas declaraciones de Putin apuntando a la vez al Polo Norte y al vuelo permanente de bombarderos estratégicos como en los viejos tiempos, permiten hacer creer a la población que se vuelve a ese pasado en el que Rusia era poderosa y el pueblo no tenía hambre, lo primero antes que lo segundo. Hay otro elemento que no debemos olvidar. Se trata de la voluntad de controlar los países recientemente independientes, como Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. También parece existir la cuestión de Siberia oriental, donde habría cerca de veinte millones de emigrantes chinos empleados por empresas rusas o buscando trabajo. Y eso de un modo absolutamente ilegal por ambas partes. En una región tan depauperada como Siberia septentrional se dan todos los ingredientes para un conflicto territorial. Esta alianza militar sirve también como un medio de control recíproco.

Cuando organizó una serie de grandes maniobras en Bishkek, en Siberia, la OCS dio un paso importante hacia la confrontación con Estados Unidos. Para prevenir esa manifestación ofensiva, George Bush había adelantado la idea de establecer un escudo antimisiles en Europa oriental. Pero no fue esa dirección, al menos en sus primeros tiempos, la que siguieron los esfuerzos del grupo de Shanghai. En primer lugar, van a exigir a los americanos que abandonen su última base en Asia oriental, es decir, la que establecieron en su ofensiva contra los talibanes en la capital de la República de Kirguistán. La OCS confía en que la salida inevitable de Estados Unidos de Iraq dé lugar, como en los dominós, el abandono de la ofensiva de la OTAN de Afganistán. Por eso en el fondo ni China ni la URSS tienen prisa. Saben bien que los talibanes retomarán el poder y harán de ese país la base para una ofensiva del islamismo radical tanto contra Rusia como contra China. Guardan bien en la memoria la toma de la provincia de Andijan, en Uzbekistán, por los islamistas en 2005.
Entrando en la OCS, Pakistán trata de encontrar una protección en caso de una victoria demócrata en Estados Unidos.

La India no puede quedar aparte. No es cuestión de quedar atenazada entre Pakistán y China. Por eso envió a su ministro de Energía a Siberia a asistir al gran espectáculo militar llamado Paz y Libertad (sic), que reunió a seis mil soldados, mil tanques y otros vehículos de combate, así como a ochenta aviones de guerra. India accedió al rango de observador por la presión de Rusia, lo que da la impresión de que Putin no va a quedar frente a frente con China, que tiene a su lado otro adversario con Nueva Delhi. India es víctima de su situación geográfica y ha aceptado un acuerdo con Estados Unidos sobre su programa nuclear. A la espera de la ratificación en el Congreso, no puede ceder a los cantos de sirena chinos, que le han hecho saber que su participación en la Organización de Cooperación de Shanghai no puede limitarse al terreno económico.

Una nueva organización del mundo

Así está hoy día la situación mundial. Menos de diez años después de la guerra fría vuelve la política de bloques. No se trata ya de guerra ideológica. Ya no hay comunismo contra capitalismo. Los que se enfrentan son imperialistas. El paréntesis del siglo XX está cerrado. Pero un hecho nuevo entre esos dos bloques parece poner impedimentos: el islamismo radical. Esta ideología enfrenta a los dos bloques. Representa para mucha gente la esperanza, falaz, de un mundo mejor. Al mismo tiempo, permite a los militares de ambos bandos pedir y obtener créditos suplementarios con el fin, según dicen ellos, de enfrentarse a esa amenaza. La carrera de armamentos ha vuelto a empezar abiertamente.
La cuestión de hoy es saber si el capitalismo va a poder salvar el planeta. En efecto, es el sistema económico que controla el mundo entero. La historia nos muestra que en la Primera Guerra Mundial pasó lo mismo, aunque fuera a menor escala. Y conocemos el resultado. El movimiento obrero europeo fue incapaz de impedir ese conflicto. Hoy no hay movimiento obrero mundial.


¿Y ahora?

Estamos por tanto frente a una contradicción. Por un lado, la parte dinámica del planeta quiere desarrollar su actividad por todo el globo. Algunas regiones se le escapan todavía, pero su ofensiva está en marcha y pocas serán las que se libren. Los países más pobres tienen a menudo subsuelos ricos y la competencia entre los dos bloques pretende echarles mano. Ya sea chino o americano, el capitalismo sigue dominando gracias a las finanzas a-nacionales. Lo hemos visto bien claro en la última crisis. Ha bastado con que los pequeños propietarios no pudieran pagar sus deudas para que el globo entero temblara.
Frente al capitalismo conquistador con pies de hierro, encontramos la parte estática, si no reaccionaria, de nuestras sociedades. Nos referimos a los Estados y las estructuras militar-industriales. Para estos, el "terrorismo" es pan bendito. Esas instituciones pueden así demostrar su importancia. Pero son también conscientes de formar parte de la hidra capitalista. La sociedad militar de cualquier país está en primer lugar obsesionada por su propia perennidad, se vista o no con los oropeles del servicio debido a la nación. Dispone de los medios necesarios para evacuar todo peligro de desaparición si sabe de riesgos de guerra local o mundial.
Llegamos a la absurda situación ya vivida, en la que la posesión de las armas nucleares parece alejar por el momento todo posible riesgo de guerra mundial. ¿Cuánto podrá durar? La continuación, en el próximo episodio.

Pierre Sommermeyer
(Le monde libertaire)



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