La pérdida del vector social en el anarquismo brasileño de los años 1930

Miércoles 12 de marzo de 2008
por  T.L.
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El anarquismo, desde su surgimiento hasta hoy, nunca dejó de ser importante en su crítica al capitalismo y al Estado. Por lo tanto, cabe discutir por que, a partir de la década de 1930, el anarquismo brasilero deja de tener la visibilidad social que venía teniendo hasta entonces. Lo que nos parece, es que el anarquismo no desaparece como propuesta ideológica contundente y consciente, mas pierde el vector social que en aquel momento era representado por el sindicalismo, conforme comenta el historiador Alexandre Samis:

“Fue sin sombra de dudas, el sindicalismo revolucionario el responsable del primer vector social conseguido por los anarquistas en los grandes centros brasileros. Como quería Malatesta, los anarquistas deberían entrar en todos los campos que susciten contradicciones en el capitalismo y ahí hacer que funcionen de la forma ‘mas libertaria posible’. En el medio sindical la orientación no era diferente.” [1]

Algunos factores, tales como el vínculo de los sindicatos al Estado, la represión y la ofensiva bolchevique, contribuyeron para la perdida del vector social, que era constituido en esa época por el sindicalismo. La pérdida del vector social ocasiona, la tal pérdida de visibilidad del anarquismo en Brasil. Así, los anarquistas van a abrigarse en las ligas anticlericales, en los centros de cultura, ateneos, escuelas, colectivos editoriales y de dramaturgia, etc. que eran y son propuestas interesantes, cuando están ligadas a un movimiento social real, por que solas no son iniciativas capaces de realizar la propaganda necesaria, ya que la mayor y mas efectiva propaganda, ocurre cuando está respaldada por una práctica social concreta.

Samis continúa su reflexión sobre el tema, argumentando que: “la crisis del sindicalismo revolucionario quitaría de los anarquistas su vector social; sin espacios para la inserción, [...] los libertarios pasan a organizarse en grupos de cultura y preservación de la memoria.” [2] Ya había sido instalado, dentro y fuera de Brasil, que el vector social, o sea, la presencia de los anarquistas en los movimientos populares y en la lucha de clases, es fundamental para un anarquismo que pretenda apuntar a la constitución de una nueva sociedad. Un ejemplo de las reflexiones entorno de este fenómeno es encontrado en José Oiticica que, aún en la década de 1920, alertaba para ese problema, colocado y discutido ampliamente por los anarquistas en el inicio del siglo en el Congreso Anarquista de Ámsterdam en 1907. Oiticica defiende la posición propuesta por Malatesta en el Congreso, en oposición a de Monatte; para Malatesta el sindicalismo no “se bastaría a si mismo”, como defendía Monatte; el sindicalismo sería un optimo campo para la difusión del anarquismo, un medio, un vector social que, en buen funcionamiento, conduciría al fin necesario, lo que según él, sería la anarquía.

Aún en 1923, en Brasil, Oiticica alerta por la falta de trabajo ideológico y la formación de grupos anarquistas específicos, para el trabajo dentro de los sindicatos, que serían capaces de sustentar su práctica revolucionaria. Muchos anarquistas habían entendido que la única actividad del militante anarquista sería la actuación sindical, y, si eso reforzaba el trabajo inmediato del día a día por un lado, por otro debilitaba la doctrina y las prácticas políticas ideológicas. Oiticica criticaba a los anarquistas que, en aquel momento, daban mucha atención a la acción sindical y poca a la actividad ideológica.

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Reflexionando sobre la pérdida del vector social del anarquismo y la posición de Oiticica, Samis afirma que: “una vez perdido el vector social y sin organizaciones específicas capaces de soportar el enfrentamiento ideológico, de mayor duración, no fue posible para los anarquistas encontrar, de inmediato, otro espacio de inserción”. [3] La dedicación prácticamente exclusiva al sindicalismo confundía el medio con el fin, el vector social con la ideología. En su crítica, Oiticica tenía razón, pues una vez que se pierde ese vector, los anarquistas no tendrán mas la capacidad de elegir uno nuevo, ya que no estaban organizados ideológicamente.

Esa argumentación de Oiticica, que tiene por base diferenciar los niveles de acción social y político, había sido desarrollada en el siglo XIX por Bakunin. Él definió que el ambiente de formación y de unión entorno de la ideología, o sea, el grupo anarquista específico, sería el nivel político, representado en la época por la Alianza de la Democracia Socialista. El nivel social, o el movimiento social y popular, serían la movilización y agitación obrera de masas, que sucedían en la época en el seno de la Primera Internacional, o AIT. Encima de este mismo análisis, Oiticica, así como Bakunin, buscó defender una forma de actuación en que el vector social no suprime la idea del grupo político, ideológicamente anarquista. Fue entre otros factores, la confusión entre los niveles de actuación que terminó por condenar el anarquismo brasilero a la pérdida de su único vector social de la época, y que nunca mas sería retomado en las mismas proporciones.

Felipe Correa es militante de la Federación Anarquista de Rio de Janeiro (FARJ).


[1Samis, Alexandre. Pavilhão Negro sobre Pátria Oliva: sindicalismo e anarquismo no Brasil.

[2Idem.

[3Samis, Alexandre. Anarquismo, “bolchevismo” e a crise do sindicalismo revolucionário.


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