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Divergences, Revue libertaire internationale en ligne
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Politica exterior... e interior
Libertad, publicacion del gruppo anarquista Libertad
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Todo Estado es imperialista según la medida de sus fuerzas, dice Bakunin.
Esa es la naturaleza del Estado : la opresión y explotación hacia el interior de los
límites de su dominio y la expansión, latente o manifiesta, de esos límites. Porque
donde el Poder se manifiesta, se manifiesta su tendencia a aumentar e intensificarse,
y los Estados pequeños, como pequeños empresarios que anhelan
ser magnates monopólicos, ambicionan la fuerza de los Estados grandes ; al
tiempo que se quejan por las restricciones que sus competidores aventajados les
imponen. Y si no pueden combatirlos con el poder de sus pequeños ejércitos -
que bien muestran modestos ante los arsenales imperiales, pero bien saben utilizarlos,
sus administradores, contra la población que someten- queda la diplomacia,
el juego político para pactar y repartirse funciones y masas humanas entre
reyes y vasallos. Juego de intrigas, suspicacias y conspiraciones -juego más
artero que el de la guerra frontal ; más conveniente, más práctico-, donde las capacidades
de astucias y los profesionales de lo ladino se cotizan en alza.

Solidario
incondicional de esa causa es el políticos ; el hombre práctico por excelencia.
El llamado antiimperialismo -retórico y circunstancial en los gobiernos ; auxiliador
de los esclavistas locales en los movimientos opositores- resulta el evidente
sostén del actual reparto de funciones que la globalización determina para
cada zona. La Venezuela de Chávez, suministradora de petróleo para los marines
y demás empresas estadounidenses, en búsqueda de ser el baluarte reciclado
de la retórica antiimperial y de los chivos expiatorios, faro fantasma para las
intenciones revolucionarias, -papel hasta ahora asignado a la Cuba de Castro
Hnos., papel agotado y heredable-, jugó su rol de imperialismo enano de la región.

El fomento y la centralidad en la promoción de un pacto con las FARC, visibilizado
con la trata por la liberación de los tres rehenes, -un pacto con preámbulo
público de febrero de 2006, cuando éstas manifestaron su “solidaridad incondicional”
con Chávez ante una eventual invasión de EEUU-, es un pacto, si
bien de utilización mutua, lógicamente, donde cada Estado -el de Chávez y el
“proto”Estado FARC-, busca su propia expansión, esta búsqueda es para Chávez
más redituable que para el circunscrito “proto”Estado de FARC. El “proto”
Estado FARC, (y no puede ser otra cosa una organización militar con poder
de policía en la extensa región que domina, subsidiaria del narcotráfico, reclutadora
de jóvenes campesinos bajo presión, cárceles propias, etc.), estancado y
sin posibilidades expansivas, encuentra en Chávez un socorro, y, éste, en el las
FARC, un brazo aliado político-militar en su campaña por construir un bloque
regional que pueda acercarse -en el “arte de lo posible”- a la magnitud del poderío
de EEUU.
El gobierno de Uribe viene sosteniendo su legitimación pública por su negación
a toda diplomacia con las FARC, según dictámenes de EEUU, a cuyo vasallaje
responde.

Chávez promueve gobiernos cuyos Estados se alineen entre sí,
económica y políticamente. Colombia no puede sumarse a la ola del reciclado
“populista-progresista-antiimperialista”, dada su división interna en dos Estados
- el legal y el que tiene sus propias leyes- que compiten -lógicamente- por la
hegemonía. Este enfrentamiento, que lleva ya medio siglo, otorga a cada bando
la justificación por la existencia del otro. Esta coexistencia (o cogestión del Capital)
posibilita que EEUU tenga su propio baluarte político (Álvaro Uribe) en
la región, gobierno que intentó, primero, refrenar la tratativa Chávez-FARC -con
lo que impulsó con ello la predisposición de las FARC en la transacción, “para
desagraviar” a Chávez- y, después, consiguió refrenarla del todo minando el
trueque de los presos.

Y, como todo Estado reclama su derecho al “libre albedrío” -cuando no puede
imponerse a ser Dios-, los medios argentinos expresaron la indignación por
la participación de Kirchner como agente principal en el trámite frustrado, subrayando
algunos hasta su “inocencia” en el papel prestado, en cuanto a la complejidad
de la situación.
Pero no hay inocencias en nada de esto. Lo que hay es el ladino juego de la
política, el de las suspicacias sembradas, el de las tácticas y estrategias, el de los
ataques disimulados, el de las conspiraciones, las intrigas, las astucias y las mentiras.
Es el juego del Estado y sus mercenarios ; una cultura imperial…



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