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Venezuela La crisis : entender causas, determinar responsabilidades, avistar salidas
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Cuando todavía estábamos bajo el impacto de problemas que se agudizaron a
fines de 2009, como el fraude de la banca boliburguesa o los múltiples
desbarajustes en los servicios públicos, las recientes decisiones
gubernamentales señalan un amargo comienzo del año 2010 para Venezuela.
Primero, con una abultada devaluación, apta para incrementar la inflación
y sumir en la miseria a un gran sector de la población. Luego, el anuncio
de racionamiento eléctrico para la Gran Caracas, tal como venía ocurriendo
de facto en el resto del país, medida que fue suspendida por el ruido de
conflictividad que generó, pero pendiente en su aplicación cuando las
condiciones lo permitan. Comencemos entonces por una breve caracterización
de esas señales de la crisis actual.

- El fraude bancario boliburgués: en el último decenio, el sector
financiero vivió en continua bonanza gracias al generoso subsidio del
Estado con su política monetaria tradicional que no ha hecho más que
beneficiarle. Es por ello que allí se concentró la rapacidad especuladora
de la boliburguesía (los Fernández Berrueco, Zambrano, Arné Chacón, Pedro
Torres Ciliberto y el gang acompañante), efectuando un descarado saqueo
para el cual contaron con público y notorio apoyo de los entes oficiales
supervisores, como Sudeban y la Comisión Nacional de Valores, de manera
que no hubo nada que envidiarle a Caldera y la crisis financiera de los
noventa y los demás casos de especulación y estafa bancaria del pasado.

- La macro-devaluación: Se trata de una medida tomada por exigencias del
Fondo Monetario Internacional quien públicamente la aplaudió. Es parte de
la clásica receta neoliberal prescrita por esa entidad tras dar un
préstamo al Estado venezolano en 2009. La devaluación incide, a través de
la inflación, en favorecer al sector financiero y transnacional y
disminuye inevitablemente el salario real de los trabajadores. El
presidente anunció, como paliativo, un aumento del salario mínimo en un
10% para el 1º de marzo y un 15% restante para el 1º de septiembre. Sin
embargo, esta decisión es irrisoria y termina de derrumbar la mentira de
que nuestro salario mínimo es el más alto de América Latina, al considerar
que pierde el 62,3 % con la caída del Bolívar, debido a que el 55% de los
bienes y servicios son adquiridos con el llamado dólar petrolero (el
Bolívar a 4,30 por la divisa americana).

La excusa oficial es que se haría más competitiva la economía nacional y
así se supera el esquema rentista. Semejante disparate sólo puede ser
afirmado por un criterio capitalista salvaje. Para despistar se ha armado
un espectáculo mediático con Indepabis y demás entidades supervisoras del
consumo para hacer creer que se trata de una espiral especulativa y no
inflacionaria. Igualmente ciertos sectores empresariales aceptan la
devaluación pero sostienen su extemporaneidad por retardo y haberse
acumulado. La oposición socialdemócrata y de derecha se limita a
apreciarla como un aumento de liquidez con fines electorales, lo cual es
cierto pero omite la verdadera razón como es ser una condición impuesta a
favor del Capital y el Estado. Hay otra circunstancia perniciosa a
considerar. Se trata de la manipulación cambiaria en Cadivi donde han
acontecido distintos casos de corrupción como por ejemplo el de Micro Star
en el cual resultaron involucrados Eligio Cedeño y Gustavo Arráez,
miembros de la boliburguesía. Los fraudes en este segmento no hacen sino
continuar con la trayectoria de la democracia clientelar, porque es la
herencia del tristemente recordado Recadi de la década del 80.

El problema eléctrico: La crisis de electricidad surge como secuela de la
carencia de mantenimiento de las instalaciones de producción y
distribución, pero además por la ausencia de inversión en las 29 plantas
termoeléctricas requeridas para afrontar el aumento del servicio, de las
cuales se han terminado 5 y sólo operan 3 con parte de su capacidad.
Asimismo, se ha abandonado Planta Centro y nunca se construyeron las 4
represas del Alto Caroní. Lo referido a esta materia ha sido pasto de
corrupción y holgazanería, pero el gobierno pretende justificarse con el
fenómeno meteorológico de El Niño, tesis desmentida rotundamente por las
opiniones de especialistas. Mientras tanto, el país padece al sacrificio
de apagones de duración incierta (salvo la Gran Caracas por ahora),
improvisados cronogramas de suspensión, daños irreparables a los
artefactos eléctricos, paralización de otros servicios (de salud,
educativos, telecomunicaciones, etc.) y pérdidas humanas generadas por la
negligencia del Estado.

¡El capitalismo desarrollista, extractivo y rentista ha fracasado!

Lo que sucede es una demostración rotunda de la inutilidad del modelo
impuesto después del 23 de enero de 1958, aplicado también por la actual
gestión de gobierno pese a su supuesto objetivo de "romper con las
orientaciones del puntofijismo". El Estado ha privilegiado la exportación
de la fuente energética fósil, pues hemos dependido radicalmente del
petróleo siguiendo las directrices de la mundialización de la economía. De
cada 100 dólares exportados el pasado año, 93 provinieron de los
hidrocarburos. PDVSA se ha convertido en un centro de acopio financiero
con una producción reducida y lo más grave, comprometida parcialmente por
las inmensas deudas contraídas. La extracción del carbón en el Zulia
continúa a pesar de representar un desastre ambiental y es una agresión a
las etnias Wayuu, Barí y Yukpa. La incorporación de Venezuela al
I.I.R.S.A. (Integración de Infraestructura de la Región Sur Americana) es
una prueba de la sumisión del chavismo a los dictados del poder mundial.
Igualmente, el coqueteo permanente con Colombia sobre el Proyecto
Mesoamérica, antes conocido como el Plan Puebla Panamá, para llevar el gas
desde los dos países suramericanos al sur y oeste de los Estados Unidos a
través de México y Centroamérica, también confirma el ánimo
colaboracionista ante el gran capital internacional, y que en los hechos
hay un grosero desinterés frente a la destrucción del planeta.

El sector productivo está en sus niveles más restringidos con el
consiguiente desempleo, maquillado por cifras oficiales encubridoras de la
flexibilidad laboral instrumentada por el Estado, que contrata
trabajadores por escasos meses para dar imagen de una política generadora
de empleo. La agricultura está en bancarrota pese a la estridencia sobre
reparto de tierras, presunto desarrollo endógeno y autosuficiencia
alimentaria proclamada por la propaganda oficial. Si a esas vicisitudes
agregamos la inseguridad, la inflación, la carencia de vivienda, el
deterioro de la salud pública y la privatización de la salud por la
contratación inmensa de las pólizas privadas para el sector público,
podemos concluir en la absoluta incapacidad del gobierno para resolver los
más elementales problemas.

¡Ante el desastre, construir alternativas desde abajo!

La continuación de la democracia populista inaugurada a la caída de la
dictadura perezjimenista en 1958 ha sido garantizada por Hugo Chávez,
quien con un liderazgo carismático y mesiánico ha pretendido preservarla
con una simbiosis de populismo, militarismo y estalinismo. Ante la
decadencia de la experiencia adeca-copeyana iniciada con el viernes negro
en 1983, continuada con el Caracazo en 1989 y las intentonas golpistas del
4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, la figura de un militar vino
como anillo al dedo a los poderes establecidos, que se han valido de ella
por más de una década, pero estimamos que ya este caudillismo a la medida
comienza el descenso debido a su pésima gestión, trayendo la consiguiente
pérdida de gobernabilidad. Como ocurrió con C.A. Pérez, sacrificado cuando
hubo mengua de su liderazgo, puede suceder que los factores mundiales y
nacionales de poder preparen su sucesión, como siempre lo han hecho en la
historia nacional. Ciertamente eso no será fácil o sin conflictos, pues
los partidos políticos y demás formas de agenciar el poder que ofrece la
oposición socialdemócrata y de derecha sólo confrontan a Chávez desde el
ángulo de asumir el dominio de Venezuela y el control de la renta
petrolera, sin tener respuestas positivas a las carencias y demandas de
las mayorías populares.

La alternativa ante tan difícil coyuntura ciertamente no pasa por
entramparse de nuevo en el circo electoral que nos ofrecen para este año,
sino que radica en desarrollar redes sociales y populares, en la
autoorganización y la autonomía de los diferentes niveles de la sociedad,
con objetivos y programas de lucha propios. Llamamos a organizar esas
manifestaciones de genuina voluntad por la libertad e igualdad en
solidaridad desde todos los espacios posibles, vale decir, desde las
organizaciones independientes de base de trabajadores, mujeres,
campesinado, aborígenes, jóvenes, del sector cultural y excluidos sociales
en general, para la búsqueda de la emancipación de nuestra sociedad.

Colectivo Editor de El Libertario
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